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#Miami 10 y 11 de junio en Books & books

Los esperamos en Books & books de Coral Gables el miércoles 10 y el jueves 11 de junio.

 

 

 

De poesía con Leonardo Padrón

El viernes 20 de mayo, estuvimos en el Instituto Cervantes presentando los poemarios Métodos de la lluvia y El amor tóxico de Leonardo Padrón. En una conversación moderada por Juan Luis Landaeta, Padrón habló sobre su oficio de creador, no sólo como poeta, sino también como dramaturgo y cronista, y compartió con la audiencia anecdotas divertidas sobre su carrera. A continuación les traemos la palabras que leyó Landaeta en referencia a la poética de Padrón. También conseguirán un enlace al video de toda la presentación disponible gracias al apoyo de Marco Purroy y todo el equipo de The Kaleidoscipic World, y los enlaces para comprar los libros. Gracias de igual forma al Instituto Cervantes y a todos los que hicieron posibles de una u otra forma este memorable encuentro.

Leonardo Padrón: El lugar del sentimiento

por Juan Luis Landaeta

Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Un amor feliz. Wislawa Symborska.

El rayo del amor
no sé de qué hablamos
cuando hablamos de amor.

The Shining of the Sun. Fito Páez.

Es posible enamorarse de una ciudad y descubrir cómo las emociones marcan pauta en su espacio, en su abismo. La ciudad es un patio donde el amor ocurre y es ese punto de partida el que la convierte en algo más, una emoción. Así se transforma en un lugar en el que es imposible escapar del otro, quién además, se convierte en un puente para converger, fracturar, para trascendernos. El tiempo, como las ciudades, es indetenible. Los fragmentos, se encuentran para alternar su rumbo.

“El tiempo es un animal cansado.
Un viejo truco de Dios
para creerse inmortal”

El tiempo. Métodos de la lluvia.

“El silencio debe callar” dice un verso de Menester. Para hablar de la voz poética de Leonardo Padrón, parece una obviedad iniciar con la clara invitación al verbo. Pero ésta es suya.  La fascinación por el instante en que apacible, debemos comunicar nuestra semejanza. Leonardo escribe sobre personas que se buscan. Más allá del giro de la confluencia, el frenesí entre espasmos, su escritura no sabe contener su mirada, resuelta, inquieta, adicta. Me urge hablar de dónde ocurre esa mirada.

Tanto El amor tóxico como Métodos de la lluvia están situados bajo el registro de un pulso infatigable. Un espacio roto que es mucho más que la suma de sus ruinas o la vocación de sus huellas. Una ciudad que no se asfixia en los cables del tendido eléctrico, ni en los ojos que se pierden en ella y la ven por última vez. Esa ciudad inagotable, violenta, seductora, es Caracas. Abordarla, devolver sus arañazos, tenderla como una ráfaga que se siente, hacerla apunte, es uno de los principales aciertos de la poética de Padrón.

“Caracas arde
sin las conjeturas del sol.


Y el día es un alazán desconcertado.”
Última hora. El amor tóxico.

La urbe cede ante sí misma, ante lo que la solía componer. Está hecha un pedazo. Un espejo, un reloj, un abandono. “Toda ciudad es un vicio solitario” nos dice en Zona peatonal. Esta voz es la de un hombre confundido que vuelve a amar y hace de ese fenómeno un ritmo vital. Del asfalto un oficio.

Nadie quiere saber dónde está cuando está enamorado. Padrón hace del sentimiento, sitio. De la pasión, un territorio. Rastrea todos los destellos, todas las inminentes casualidades que llevan un cuerpo al otro. El sujeto que ama, combate. Parece que la congestión y el ruido existieran para confabular un nombre. La ciudad de esta voz es la ciudad de un hombre que ama y acalla el silencio para vencerlo, derrama en la página su intención fascinada, curiosa. Tóxico y feliz.  El amor, como

todas las costumbres, teme al destino. Es una silueta que no sabe sino temblar.

“Y yo lavo sus labios con los míos
rio su risa
me muslo en su muslo
me caballo en su pasto
me mordisco en su jadeo
soy noviembre en su virgo
amanezco en sus pulmones”

La casa. El amor tóxico.

La experiencia del amor en estos textos ocurre como una amenaza. Parco es por naturaleza el despojo turbio, la puerta que franquea la posibilidad de un cambio. En ese rincón de lo inaudito, reposa y se festeja el hambre incansable ante la metáfora de esa sensación, ese reducto de libertad que nos somete a él, un amor que por ser celebrado, no resulta menos confuso o efímero.

El amor que nos ofrecen estas páginas rasga la textura que tierno, concibe. La atmosfera de Padrón es la del cautivo. El hombre que acude al verbo tras su impresión. El tiempo exacto en que sabemos que desde entonces, nuestra vida no es del todo nuestra. El amor como la ciudad, puede convertirse en un castillo de balas. Padrón nos la ofrece como una extensión de los amantes, estridente, un patio que grita y que nunca logramos entender.

La escritura de El amor tóxico y Métodos de la lluvia es esa evidencia. El trazo de una gota que suma otras en el torrente, una copa que brinda por el azar de los distraídos que hacen posible el amor. Los conjuga. La línea más alta del cerro Ávila está en las manos de quien la ve. Así los amantes.

Caracas, como el olvido, insiste. Es un asalto que acierta en cada duda. La ciudad, como los amantes, permite la ruina, para volver a empezar. Es un hábito y lo sabemos. Se despide siempre. Desde el escándalo de los balcones, insiste en la punta de la lengua. Sucia. Sacra. Enferma. Vivaz. La ciudad como los amantes, ocurre adentro. Busca, como diría Padrón, el sol de los sótanos. Vuelca y emerge los materiales humanos.

Video de la presentación:https://www.facebook.com/thekaleidoscopicworld/videos/1195777650454600

Los dos libros de Leonardo los puedes conseguir en estos enlances:

Métodos de la lluvia: http://www.amazon.com/Metodos-lluvia-Spanish-Leonardo-Padron/dp/1938978498/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1464012937&sr=1-3

El amor tóxico:http://www.amazon.com/amor-toxico-Spanish-Leonardo-Padron/dp/1944407014/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1464012860&sr=8-1&keywords=el+amor+t%C3%B3xico

Teresa Dovalpage conversa con Pedro Medina León

Pedro Medina León: “Dotar a los personajes de un buen lenguaje en una novela miamense, es un reto”.

Entrevista de Teresa Dovalpage 

 

La reconocida escritora Teresa Dovalpage (Cuba), conversó con nuestro autor Pedro Medina León acerca de su más reciente novela Varsovia; una historia sobre la marginalidad y los bajos fondos de Miami Beach, donde el gran personaje es el Comanche, un sujeto tan miserable como entrañable, que nos llevará a conocer billares, barras oscuras, drug dealers, y aspirantes a actrices pornográficas.  

 

TD. ¿Quién te inspiró el personaje de El Comanche, tienes un modelo “real” para él?

 

PML. Como en toda ficción, el Comanche no tiene un ADN específico ni propio, es un poco de lo que he leído y visto. Dentro de las lecturas, quizá a los personajes que más se acerque sea al detective Hoke Moseley, del escritor Charles Willeford, y al Conde de Leonardo Padura. Creo que es un buen blend de ambos (uno es anglo y el otro es cubano, lo cual es una mezcla muy interesante para aplicar a Miami). Aunque también se nutre de los personajes de Elmore Leonard –sobre todo de sus libros ambientados en Miami–. Además, a eso hay que agregarle los nueve años que viví en South Beach, en los cuales siempre imaginé cómo sería crear historias de un detective venido a menos en esos ambientes marginales que tanto me gustan merodear.

 

TD. ¿Por qué decidiste escribir una novela de detectives?

 

PML. Lo que realmente quería era contar la marginalidad y la corrupción que tanto se ve en South Beach que ya he esbozado en mis libros anteriores, por eso no es coincidencia que Varsovia esté muy relacionado con Lado B, mi anterior novela. Quienes viven en esa zona o la conozcan, podrán identificarse perfectamente con los temas, los personajes, las locuras que se leen en Varsovia. El género negro es un buen vehículo para explorar esos ambientes hamponescos. Y también vale decir que soy lector del género policial. Es la literatura que, definitivamente, más me atrae. 

 

TD. ¿Qué resultó más fácil en el proceso de escritura? ¿Y lo más difícil?

 

PML. Buena pregunta…creo que nada resultó fácil. Pero lo que más me cuesta es afinar el lenguaje de cada uno de los sujetos que aparecen en el libro. Sucede que una novela ambientada en Miami, más aún en las calles marginales, tiene que tener un lenguaje muy afinado y particular. Date cuenta que acá todos hablan diferente, no existe una sola persona que se exprese igual que otra, el idioma miamense es muy particular. Dotar a los personajes de un buen lenguaje en una novela miamense, es un reto no menor pues se corre el riesgo de caer en lo inverosímil, en lo trillado, en lo empalagoso. Mientras que un lenguaje bien logrado, es un sello tan particular que me atrevería a decir que el lector no necesita más pistas ni descripciones para imaginarse al susodicho de quien se está narrando. Por eso siempre digo que en Miami hay que escribir de oído.

 

TD. Cada autor de novelas detectivescas tiene un método diferente. ¿Cuál es el tuyo? ¿Sabías desde el principio quién sería el culpable o te llegó la idea por el camino?

 

PML. Yo he aplicado el mismo método que en mis libros anteriores: voy delineando capítulos en fichas y luego escribo cuando ya lo tengo más o menos claro (más o menos porque nunca es claro el camino sinuoso de la escritura). Después a editar y editar. Me demoro mucho tiempo editando, promedio de par de años por libro. Respecto al culpable sí, sabía quién sería. Lo que mutó un millón de veces fue cómo lo haría y cómo lo enfocaría, lo digo por el tema de la segunda persona con la que lo suelo acercar al lector. 

 

TD. ¿Tienes algún autor del género al que admires particularmente?

 

PML. Con estos tres que menciono abajo son con los que claramente me siento identificado. Aunque hay muchísimos autores más que me encantan.

 

Charles Willeford.

Elmore Leonard.

Leonardo Padura.

 

TD. ¿Habrá una saga con la figura de El Comanche? Pienso en el caso del Frisancho, que se insinúa al final. 

 

PML. Estoy trabajando en una segunda entrega, ya tiene título, se llama “Novela americana”. Lo de Frisancho, si bien es con lo que cierra el libro, ya sucedió en mi anterior novela, Lado B. De hecho, como te comentaba más arriba, hay muchas conexiones entre Varsovia y Lado B en cuanto a personajes y lugares, pero ambos libros se leen de manera totalmente independiente. Rubí, por ejemplo, aparece en ambas historias. Lo mismo el bar Al Capone y lo que le sucede a Frisancho.

 

TD.  ¿Cómo te motivas a ti mismo para escribir todos los días?

PML. Leyendo buenos libros y escuchando música.

 

 

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Sobre Varsovia

Sobre Pedro Medina León

Zoología a dos bandas

Donde el río se toca, de Rose Mary Salum, reúne nueve relatos animales que nos vuelven un poco más humanos.

Roberto Pliego

Ciudad de México / 14.01.2023 06:27:00

Una gata observa la escena siguiente desde el alféizar de una ventana: después de un accidente doméstico, un hombre golpea a una mujer que yace de espaldas sobre una mesa para después arremeter contra una niña que ha irrumpido en el comedor por sorpresa. La escena proviene de “La gata en cuarentena”, uno de los nueve relatos que componen Donde el río se toca (Sudaquia), de Rose Mary Salum.

Pericas, monas, gatas, moscas, zancudos, hipopótamos, vacas, gallinas, cebras, no siempre animados, concurren para acompañar a la humanidad en sus enormes y pequeñas catástrofes cotidianas. Son lo que son: ejemplares del reino animal sirviendo a sus necesidades e instintos. Así que no ofrecen lecciones morales o de buena urbanidad. Son lo que son: constancias de la vida sobre la Tierra en su acepción elemental.

Pero no se trata solo de esos ejemplares, sino de quienes han erigido ciudades y sistemas filosóficos. Mientras el zancudo se alimenta de la sangre de los asistentes a un concierto, la dama que escucha con arrobo mira cómo su vecino se abalanza contra ella y hace volar su peluca. La vergüenza se impone al embrujo estético y da paso a una pantomima tan efectiva como Una noche en la ópera de los hermanos Marx. Salum prefiere, sin embargo, la gravedad de la muerte, queriendo quizá sugerir que es el vínculo más fuerte entre los animales y los seres humanos. A tal estado de ánimo pertenecen “La mosca en la sopa”, “Donde el río se toca” y “La gallina cocinada”, una adaptación a ras de suelo de “La gallina degollada”, de Horacio Quiroga.

Lejos de las diatribas redentoras de Peter Singer, o de las luchas de los colectivos vegetarianos por renunciar a los placeres de la carne, Rose Mary Salum perfila un universo donde algunos (pues no caben todos) de nuestros compañeros en el infortunio ecológico y la devastación de los sistemas naturales son orgullosamente ignorados, como el hipopótamo de peluche que al final de “El trío” yace despanzurrado sobre el pavimento. Y esto sin lloriqueos frente al micrófono ni golpes de pintura a los girasoles de Van Gogh ni invocaciones al orate que conduce a los Doce Monos, sino recurriendo a la ligereza como uno de los atributos de la inteligencia revestida de ironía.

Fuente: Milenio. Lee la nota original aquí: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/rio-toca-rose-mary-salum-critica-libro

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Sobre Rose Mary Salum

Bandidos: la narrativa policíaca de Pedro Medina León

Por Gabriel Trujillo Muñoz

Una de las cuestiones fundamentales del género policiaco del siglo XXI es que esta narrativa ha tornado carta de naturalización, en las últimas dos décadas, en todo el mundo. Hoy en día, podemos encontrar, en los estantes de las librerías o en los portales de ventas un gran número de autores de novela negra que cuentan los claroscuros de su propia sociedad desde el entorno que interpretan mejor porque es el suyo, el que habitan todos los días, el que conocen como la palma de su mano. Y no hablo aquí de las ciudades importantes del planeta: Londres, Paris, Nueva York o la ciudad de Mexico, sino de aquellos poblados, enormes o pequeños, donde estos narradores establecen sus reales para relatar lo que les interesa, lo que los conmociona, lo que los pone tras la pista de tal o cual crimen, de tal o cual historia poco difundida en los medios actuales.

En buena medida, escribir novela policiaca es, antes que otra cosa, un rendir homenaje a la población donde se vive, a la urbe donde que se ama y se odia, que se padece y disfruta al mismo tiempo. Porque para describir una comunidad en sus entrañas sanguinolentas hay que explorarla en sus espacios más significativos, menos turísticos. Esos que responden al crimen, a la impunidad, a la corrupción galopante.

No se busca, en este género tan sensible del orden social, económico y político, solo mencionar los bajos fondos sin escrutar sus lugares de opulencia, exhibiendo en ambos sus ligazones, sus vínculos ocultos, sus trapitos al sol. Estos relatos son pruebas de que detrás del glamour están los dominios del hampa, que bajo el disfraz de la ostentación se esconde el rostro de la violencia.

Para entender la clase de civilización en que vivimos, el tipo de progreso por el que ahora se apuesta con febril codicia, hay que aceptar, como lo hace el creador de esta literatura, que la ley y la justicia son la ruleta rusa de los desesperados, el brazo armado de los poderosos, de lo intocables. Y en esta narrativa, reconstruir la escena de un crimen es reconstruir el alma vapuleada de una sociedad de mírame y no me toques, es recuperar el espíritu desgarrado de una comunidad que vive en la absoluta orfandad bajo el reino de la codicia predatoria, donde jodidos y triunfadores conviven en un mismo estanque tinto de sangre propia como ajena. Solo así se puede tener una imagen de cuerpo entero del caso que se investiga, de las redes de complicidad que lo obstaculizan, que lo distorsionan en aras del negocio pujante, de la rápida ganancia.

Por eso mismo, para contar la historia de un crimen hay que relatar la ciudad en que este ocurre, la vida comunitaria que lo hizo posible. De ahí que Bandidos (Sudaquia Editores, 2022) de Pedro Medina León sea tal clase de historia. Su autor nació en Lima, Perú, en 1977, pero es como tantos latinoamericanos de nuestro tiempo un inmigrante que hoy reside en Miami y que desde 2017 ha publicado novela policiaca bajo la sombrilla de colores del Noir Tropical, como se le ha denominado. Entre sus novelas, que cuentan como su protagonista a El Comanche, un investigador privado de origen cubano, se cuentan Varsovia y Americana, siendo Bandidos, publicada en Nueva York, su tercera aventura con este personaje. Un hombre que, en La Habana, ayudó al policía Mario Conde y que ahora, viviendo en una ciudad eminentemente turística y llena de celebridades, prefiere recorrer la parte sórdida del sueño americano que las playas bonitas, apuesta por la condición humana en sus ejemplares más heridos, menos esplendorosos. Un mundo donde el mejor consejo dado es: no preguntes tanto, no te inmiscuyas en negocios que no son tuyos.

Medina León es un experto en contar los entresijos de Miami, de mostrar a sus personajes idiosincráticos: los viejos que todavía recuerdan Bahía de Cochinos, los migrantes centroamericanos de nuevo cuño, los negocios cerrados por miedo a la migra, la gente que vive. Cerca de las playas famosas y apenas se para en ellas porque andan tras los dólares para mal vivir. Lo que narra nuestro autor es la existencia de una urbe llena de publicidad alucinante y trabajos mal pagados, de ilegalidades cubiertas con el prestigio crédulo. Bandidos transcurre en los años ochenta y el presente, entre el escándalo Irán – Contras en plena lucha contra el sandinismo en Nicaragua y la muchedumbre de migrantes venida de todos los gobiernos fallidos al sur de la frontera.

Era una mañana de postal turística, como esas que vendían en las cajas registradoras de Walgreens o en las tiendas de souvenirs de Ocean Drive: el Skyline se alzaba imponente a la izquierda, con sus torres de cristal aguamarina donde se decidía el futuro económico de Latinoamérica, cercando Biscayne Beach, y a la derecha reposaban yates y veleros sobre el manto turquesa del Atlántico. Un recibimiento de catálogo para esos once cubanos, que llegarían a sumarse a esa porción invisible en la pirámide social que lavaba platos o limpiaba baños con restos de caca o estacionaba autos por doce horas diarias para, con suerte, pagar la renta … un entorno que El Comanche conocía muy bien.

El lazo que une estas dos épocas es un asesinato, el de Romano Valladares, cubano, encontrado “en una bolsa negra, envuelto en sabanas, en uno de los contenedores de basura de la puerta trasera del Winn Dixie de la Coral Way la 22nd Street. Tenía contusiones en el cráneo, magulladuras en el rostro, costillas rotas”. La propia policía, ante el callejón sin salida que se encuentra su investigación oficial, hace uso del Comanche para sacarla adelante, sobre todo cuando le informan que Valladares era informante de la policía de Miami. Y así, con su parsimonia y su don de gentes, con su gusto por la música de Hector Lavoe, el cafe con leche evaporada y el ron Bacardi, nuestro protagonista va descubriendo el hilo negro de los presuntos asesinos, las pistas reveladoras de lo que realmente sucedió.

La casa donde Valladares rentaba su efficiency se ubicaba a pocas cuadras del Sweet Dream, en una esquina. Era color melón y la flanqueaba una cerca de madera blanca. La dueña, doña Estela, una mujer mayor, con el cabello teñido del color de una butaca de teatro, que recibió al Comanche en bata y con los pies envueltos en unas medias rojas y unas chancletas muy grandes, no tuvo problemas en hacerlo pasar cuando este le explicó que estaba tras el caso de la muerte de Valladares. A ella le interesaba que se aclarara el problema y le desocuparan el efficiency para poder rentarlo.

El Comanche es un investigador-rastreador-husmeador al servicio de ciertos casos peliagudos a los que la policía no da pie con bola. En su travesía detectivesca encontramos no solo las pistas de la investigación sino también guiños de complicidad con autores caribeños como Leonardo Padura y Reynaldo Arenas, tips de cocina cubana y cubanoamericana, así como una memoria histórica de barrios y leyendas que hacen de Miami un fascinante deshuesadero de quimeras individuales y promesas colectivas. Un melting pot donde todo puede suceder por obra y gracia de las más variadas circunstancias que allí se cruzan y mezclan y conviven.

Y mientras Pedro Medina lleva, en Bandidos, al Comanche en largo periplo para descubrir la verdad, su novela se vuelve una pasarela de los elementos esenciales que convierten a Miami en el orbe Noir por excelencia: los negocios legales que son la fachada de lo criminal, el interminable flujo de personas que llegan a la ciudad a sobrevivir sin importar el precio a pagar, la luminosidad de la nostalgia por una ciudad que ya no es, que quizás nunca fue como se recuerda. Esta obra es un auténtico tour de fuerza sobre la Florida del pasado y el presente. Crónica de fantasmas que aún son un peligro en marcha, una bomba de tiempo. Relatos de vida en pleno naufragio financiero. Mundo a la deriva donde los únicos salvavidas confiables son unos pocos amigos y la familia. La suma de la existencia comunitaria en sus afectos y compromisos, en sus querencias y deberes.

Como Elmer Mendoza con Culiacán, J. J. Aboytia con Ciudad Juárez o José Salvador Ruiz con Mexicali, Bandidos le sirve a este narrador para presentarnos a Miami, la ciudad de sus agobios y querencias, como un corte de milagros al filo del Caribe, como un sentido homenaje a ese puerto donde colisionan las aventuras históricas con las pesadillas por venir. Una urbe de paso donde los residuos de otras vidas quedan en sus calles, en sus contenedores de basura, en sus bares de mala muerte. Novela policiaca que va de la Nicaragua de Somoza a los Estados Unidos en plan multicultural.

Y aquí hay que precisar que Pedro Medina elige escribir en español, contar sus historias en castellano para recordamos que la narrativa Noir del país vecino no tiene una sola lengua oficial sino muchos idiomas en uso. Que Bandidos es un relato que igual nos pertenece por derecho de ficción, por justicia poética, por terquedad imaginativa. Un Miami Soul Machine a ritmo de tráfico humano. El lado más oscuro de la tierra de la esperanza. De esta forma, en estas páginas, El Comanche demuestra ser un testigo de honor por su olfato para seguir el rastro del trasiego, por su instinto para infiltrarse en todas partes, por su capacidad de ser un bandolero verosímil entre acreditados forajidos. Con esta novela algo se cuece a fuego lento: el billar de las ilusiones perdidas, el warehouse del mito perdurable. Una península que es destino y trampolín, horizonte de triunfo y tumba sin sosiego. Un lugar idóneo para que el género policiaco viva a sus anchas. Un sitio ideal para que la atmósfera Noir vibre bajo el sol en su desnuda indiferencia, en sus violentos desenlaces.

Fuente: El Mexicano. www.el-mexicano.com.mx

Fecha de publicación: martes 16 de mayo de 2023

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Sobre Pedro Medina León

El ojo y el oído en la escritura

Escribir es un proceso laborioso que requiere, para poder desarrollarse, no solo el hábito de la lectura, sino forjar además las prácticas de caminar y observar el entorno con genuino interés. Estar atento a la vida circundante y tener el hábito de hablar consigo mismo, mientras se camina, equivale a salir a buscar la vida como quien sale a pescar desechos para hacer arte con materiales de reciclaje. Caminar, observar, dudar, refutar lo que se observa, ponerse en el lugar del otro, bajarle el volumen a lo que hace ruido y aumentárselo a lo que susurra… todo eso va produciendo una nueva visión que permite asomarse a perspectivas inéditas de la realidad, para que la veamos no como la vemos siempre, sino como pudiésemos verla si nos despojásemos de los prejuicios y lugares comunes que nos la vedan.

Asentar las ideas resultantes de esos hábitos es, como se ve, la última de una serie de actividades que hacen posible la escritura. Pero no aún la escritura como un hecho literario en sí, pues para esto se requerirá del paciente hábito de la reescritura, de la composición, lo que diferencia la escritura funcional de la escritura con intenciones artísticas. Aunque, claro está, este proceso es vital para la futura obra, porque así como para poder criar es preciso concebir (“parir”), sin texto que asiente las ideas no hay posibilidad de esa reescritura.

*

            Partiendo de esa distinción, acotaré algunas notas sobre el proceso de la escritura que, a manera de mapa de uso privado, he venido asentando con la esperanza de hacer más fácil el camino hacia ese territorio inasible que es el texto literario.

            En primer lugar recalco la anterior distinción entre concebir y criar. Un viejo poeta me comentó en una ocasión —palabras más, palabras menos—, que sin la crianza podría existir vida humana (distinta a la conocida, quizá salvaje, pero vida al fin), pero sin la concepción no.

             Comencemos, entonces, por preguntarnos: ¿De dónde nace la “idea” que da vida a una historia? ¿Dónde surge esa raíz que se asoma tímida, insegura, inacabada, y que luego se convertirá en un texto literario? ¿Cómo buscarla? ¿Cómo estimularla? Estas interrogantes nos llevan a releer el párrafo con el que arrancamos esta aproximación. La escritura es un proceso complejo, no documentado ni sujeto a fórmulas, mágico en todo el sentido de la palabra, que entremezcla ideas, temores, emociones y recuerdos para producir un discurso en el que el autor acaso es el caldero en el que se cocinarán esos ingredientes. “La vida y los sueños son paginas de un mismo libro; leerlo en orden es vivir; ojearlo es soñar”, señaló Schopenhauer para ilustrar un proceso similar al de la escritura, ya que esta no es un sueño dirigido, pero sí provocado.

*

Cuando uno lee un buen libro suele detenerse con frecuencia ante la cantidad de ideas y frases estimulantes con las que se tropieza durante la lectura. Esas frases repetidas en silencio, paladeadas, apuntadas en un sitio, releídas con fervor, encuentran su lugar, en un rincón no muy visible de nuestro cerebro, y permanecerán ahí, a la espera de seguir creciendo con otras conexiones similares (sueños, películas vistas, otras lecturas, situaciones presenciadas, conversaciones escuchadas, experiencias vividas) que eventualmente llegarán hasta ella.

Y así hasta que acumulan la suficiente cantidad de masa, de ideas que se van haciendo más complejas en tanto sus conexiones con otras van creciendo, como para, al final, concebir una historia.

Pero a partir de ese punto entra en juego el oído. Durante mucho tiempo creí que la vista era el sentido fundamental para producir la escritura. Y es importante, sin duda, pero la vista forma parte del embrionario proceso de recopilación de elementos que nos llevarán a producir una idea. Convertir esa idea en una composición estética requiere del oído ya que, como acota Paul Auster, aunque las palabras “pueden a veces tener significado, es en la música de las palabras donde arrancan los significados.”.

De allí que un texto hermoso es convincente: No porque diga verdades irrefutables, sino porque compone frases musicalmente irrefutables. La verdad se sustituye con otros atributos como la gracia, la elegancia, la belleza, o como quiera que se le llame, y tiende a ser de una elocuencia engañosa. Tiende a parecer verdad porque “suena bien”.

Cuando, por ejemplo, Borges escribió en uno de sus inolvidables cuentos que “Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción”, echó mano de una musicalidad tan placentera al oído, de una simetría tan llena de gracia, que pasaba por irrefutable, aunque no necesariamente lo fuese.

Es decir, que en la musicalidad del texto es que reside la responsabilidad de hacer que lo que dice parezca un hecho irrefutable, incuestionable, absoluto. En una palabra más sencilla y efectiva: creíble.

Es por eso que cuando leemos un texto aburrido, que avanza penosamente o que no logra despertar el interés del lector, estamos ante un autor que pudo haber tenido la vista adecuada para captar el mundo que le rodeaba, la realidad detrás de la realidad, pero no tuvo el oído para componer, con el material que recabó, un texto con la musicalidad y el ritmo que lograra convencer al lector.

No olvidemos que la prosa, a diferencia del verso, carece de una disposición visual que oriente al lector acerca de su ritmo, por lo que se ve obligada a producirlo hilvanando frases con frases, una con la siguiente, y esta con la siguiente y esta con la siguiente, hasta completar párrafos, páginas, libros.

Es el combustible para que un lector navegue de una orilla a la otra del texto.

*

Para capturar el mundo que nos rodea en todos sus detalles, es necesario tener mucha capacidad de observación, sin duda alguna, pero para escribir, reescribir, pulir el texto de forma que el lector se sienta ante un texto único, ante la inminencia de una revelación, lo que se debe desarrollar (lo que opera secretamente) es una sensibilidad sonora, musical, que permita al lector avanzar sin poder evitarlo a través de las melodías conectadas del texto. Esa musicalidad que lo obliga a seguir leyendo, aun escenas atroces, hechizado en su camino hacia lo inevitable, como el que viaja en un bote que se precipitará hacia una descomunal caída de agua.

Que, es como decir, que con el ojo se crea, pero con el oído se cría.

 

Héctor Torres (Caracas, 1968) – Autor de los libros La huella del bisonte (Sudaquia Editores, 2012) y El amor en tres platos (Sudaquia Editores, 2013). Leer más sobre Héctor

 

 

Sobre Todas las lunas por Gisela Kozak

Todas las lunas es una novela poliamorosa, humorística y de aventuras en la que ocho personajes bisexuales -Farrah, Fernanda, Gabriela, Jozef Yukio, Hans, Loren, Robin, Verónica-  se aman unos a otros simultáneamente, en un espacio y en un tiempo  en los que no existe  el Estado y las transformaciones en el arte, la ciencia y la técnica se producen con pasmosa rapidez. Estefanía, la ciudad donde todos viven, flota en las aguas  del mar pero también en los múltiples caminos de la  historia y en sus calles se lee un poema de  Sor Juana Inés de la Cruz, se ve una fotografía de Cindy Sherman, se oye un lameláfono africano y se inventan  nada más y nada menos que el avión y  la anestesia, al tiempo que se degustan comidas para todos los paladares y se revoluciona la música para piano. De esta ciudad partirán los protagonistas en un viaje en busca de Loren, uno de los miembros del clan, cuya desaparición pone en marcha un  engranaje narrativo  que involucra la dimensión interior de cada personaje traducida en escritura  (cartas, memorias, diario, crónica) y su desplazamiento, con gran riesgo para sus vidas, a otras ciudades como Tecla y Diomira y, tal vez,  la nunca vista Fumancha.

 

Gisela Kozak (Caracas, 1963). Autora de la novela Todas las lunas (Sudaquia Editores, 2013). Leer más sobre Gisela

 

Cinco preguntas y un poema de Raquel Abend van Dalen

1- ¿Qué es la poesía y el proceso de creación literaría para ti?

 

La poesía es una de las tantas formas de sostener las verdades de este mundo. Es el mecanismo cuyas instrucciones de uso mejor entiendo. No tengo un mejor método para decir, para ser. Al escribir poesía estoy entendiendo la realidad que me rodea, mi realidad, y en ese sentido, puedo entenderme a mí misma. Puedo ser en la medida en que me registro a través del lenguaje poético.

 

 

2. ¿Qué buscas a la hora de escribir un poema?¿Qué te inspira?

 

Más que al escribir un poema, diría que hay búsqueda al escribir una serie de poemas, lo que formaría un libro. Y en ese caso, lo que busco siempre es desarrollar una idea que me inquieta u obsesiona. Exprimir un concepto hasta agotar mi interés en él.

 

 

3. ¿Cómo sabes cuando un poema está terminado o necesita más trabajo?

 

Supongo que es como cuando uno se está bañando y llega un punto en que decides cerrar la llave del agua.

 

 

4. ¿Quiénes son las principales influencias de Raquel?

 

Las influencias van cambiando con el tiempo, pero no están limitadas a figuras literarias. También me apasiona el cine y el arte.

 

 

5. ¿Qué estás leyendo en este momento?

 

Sinceramente: en este momento estoy leyendo muchas noticias. Ese es mi material actual para escribir.

 

 

Poema XXV de Sobre las fábricas (Sudaquia Editores, 2014)

 

Cuando la lengua

ya no quiere confesar 

 

su demasía

 

por fin

se tiende

 

(derrotada)

 

a tragar

silencio.

 

 

 

Descubre más de la poesía de Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989) en su libro Sobre las fábricas

 

 

 

Esta semana en Viceversa – 23/03/2015

Semana del 23 de Marzo

Esperamos que disfruten la lectura de este nuevo número de ViceVersa.

Carlos Aguasaco: el Chapulín, Batman y Don Quijote

⇢ Mariza Bafile
Sonia Velásquez: El perdón se construye todos los días

⇢ Juan Luis Landaeta

América Latina y la izquierda latinoamericana

Hoy la izquierda latinoamericana es afortunadamente otra. O, mejor dicho, es la de siempre pero más madura y consciente de los cambios de la sociedad y de su entorno. No repudia la “Revolución Rusa”, la “Gran marcha” de Mao o la “revolución cubana”. Mas reconoce los excesos y los errores de estas.

⇢ Mauro Bafile

 

Eventos neoyorquinos

Lunes 23 de Marzo

“El collage cinematográfico de Santiago Álvarez” en el BAM
 
Martes 24 de Marzo
“Festival del cine colombiano en NY”en Tribeca Cinemas Theater
Martes 24 de Marzo
“Música y más música con VAEA y Guataca Nights @NY en Subrosa
Miércoles 25 de Marzo
“Presentación del libro de Edward J. Sullivan From San Juan to Paris and Back” en Americas Society
Jueves 26 de Marzo
“Magos & Limón en concierto” en el Lincoln Center
Viernes 27 de Marzo
“Una ciudad de estatuas y perros, de María del Carmen Pérez Cuadra” en McNally Jackson
Lunes 23 de Marzo
“Vivir para escribir: César Aira, Sergio Chejfec y Mónica de la Torre” en el instituto Cervantes
Martes 24 de Marzo
“César Aira y Rivka Galchen” en McNally Jackson
 
Martes 24 de Marzo
“Gina Brillón, Hablemos pacificamente. Stand up!” en el Instituto Cervantes
Miércoles 25 de Marzo
“Vuelve Cultura sin Límites de La Ovejita Ebooks” en el Centro Español La Nacional
 
Viernes 27 de Marzo
“Bajo fuego, de Alejandro Varderi” en McNally Jackson
Viernes 27 de Marzo
“Jesús Hidalgo: Yo camino lo que canto” en el Teatro Latea
 
Domingo 29 de Marzo
“Film screening: War Redefined, the capstone of Women, War & Peace” en La Casa Azul Bookstore
Lunes 23 de Marzo
“María en tierra de nadie”: un documental para reflexionar” en NY

 

Miércoles 25 de Marzo
“Encuentro anual de las mujeres hispanas empresarias” en Tosca Marquee
 
Martes 24 de Marzo
“México es sobre todo cultura” en el Bridge Theatre
 
Miércoles 25 de Marzo
“Los cascarones del arquitecto Félix Candela Outeriño” en la Galeria Octavio Paz
Viernes 27 de Marzo
“¿Qué español hablamos en EE.UU.?” en el Instituto Cervantes
Domingo 29 de Marzo
“Latinoamérica en construcción: Arquitectura 1955-1980” en el MoMA

 

#DC El 09 de abril en Pórtico

Esta semana en Viceversa 06/Abril/2015

6 de Abril, 2015
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Semana del 6 de Abril

Esperamos que disfruten la lectura de este nuevo número de ViceVersa.

Alejandro Varderi: El silencio de la memoria

⇢ Mariza Bafile
Mónica Sordo: Uno de los sitios donde más me gusta diseñar es en el metro

⇢ Dais Sarcos

Un río caudaloso

Corrupción y podredumbre, por un lado; integridad y probidad, por el otro. Así es la política en América Latina. Dos ríos diferentes, que corren paralelos. El primero, escaso en aguas, pero ruidoso y retumbante. El segundo, caudaloso pero silencioso.

⇢ Mauro Bafile

 

Eventos neoyorquinos

Jueves 09 de Abril

“16º Havana Film Festival New York” en elQuad Cinema

 

Jueves 09 de Abril
“SPAMM of Virtualism en Nueva York, Paris y Moscú” en Babycastles Gallery
Sábado 11 de Abril
“La Sangre en el Ojo con la autora Lina Meruane en McNally Jackson
Jueves 09 de Abril
“Guatemala Después: Repensar el pasado, re-imaginar el ahora” en The New School
 
Viernes 10 de Abril
De cometas y Fronteras de la directora Yolanda Pividal” en NYU
Sábado 11 de Abril
Millie and the Lords un film de Jennica Carmona” en la Casa Azul
Jueves 09 de Abril
“Concierto de Michael Sarian & The Chabones” en el Consulado de Argentina
Sábado 11 de Abril
“Empresarios, innovadores y economistas” en el Instituto Cervantes
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El amor que nos queda de Fernanda Reyes Retana

LALT – Reseña 26 – junio 2023

Por Keila Vall de la Ville

El amor que nos queda, tercera novela de Fernanda Reyes Retana, es la historia del amor y rivalidad entre los integrantes de una familia en tiempo presente. La obra está marcada por sucesos que alcanzan cuatro generaciones y enlazan a una abuela, dos padres, cinco hermanos, una ama de llaves y un cuadro. La historia empieza con la imagen de unas hojas secas acumuladas en el tiempo, y termina con un cúmulo de hojas secas ante las cerdas de un cepillo. Así empieza El amor que nos queda: “Nadie hubiera podido prever el conjunto de circunstancias que como gotas pesadas de lluvia se sucedieron esa tarde. Imposible calcular semejante acumulación y su posterior desbordamiento ocasionado por esas hojas secas que por no verse se olvidan y aún así estorban”. 

No es posible prever el conjunto de circunstancias que modelan –fortalecen, debilitan u obliteran– el afecto entre los seres humanos. Como fuere, lo que ocurre en el roce con el mundo nos cambia. Pero: ¿qué es una familia? ¿Es que muertos los padres –la tradición, la historia, esa ligazón– los descendientes se zafan siempre sin remedio? ¿Lo que mantiene unido el amor de cinco hermanos es la voluntad materna, paterna, la costumbre o la herencia?

La historia está contada desde una voz narrativa que pulula de personaje a personaje, entre los hermanos y la mucama, y que pone en evidencia a una autora que, desde las acciones y las apariencias, muestra tendencias, inquietudes y la huella de rencores, nociones preconcebidas y malentendidos. Toca temas como la supervivencia, el apego, el amor, la fidelidad, el miedo, la desconfianza y la avaricia. La acción y reacción de cada uno ante el desarrollo de este “conjunto de circunstancias que nadie hubiese podido prever” (llamémosla vida), es distintiva, conforma a cada hermano mostrando cada humanidad.

La circulación de esta voz inicia con Hermelinda, el ama de llaves encargada de la casa paterna en la que vive una de las hijas (Aurora), junto al padre anciano, una vez que sus hermanos han emprendido una vida familiar aparte. Aurora es una doctora exitosa. Lucía es la sobria representación, el rostro público de los Martínez Alcázar: está casada con Juan Carlos, con quien tiene un hijo. Camilo ha tenido un hijo con Clara (Bruno) y, si bien la “quiere”, no desea comprometerse. No cree en el amor o en las mujeres. Ambos comparten responsabilidades parentales. Un buen día, Clara anuncia su mudanza con un nuevo novio a New York. Blanca es madre de dos y está casada con Antoine, suizo cirquero que dará a los hermanos una lección de entrega, conmiseración y perdón. David, mayor, históricamente se ha encargado de resolver, proteger y cuidar; acumula frustraciones ante la falta de atención de los otros hacia él. Está casado con Livia, una mujer al parecer materialista. Aunque en esta historia todo está por verse.

La voz de Hermelinda abre la novela mientras registra la preparación de lo que será la última fiesta de cumpleaños del pater familias, don David. Así, con estos dos símbolos de tradición, la cuidadora y el antecesor, arranca la historia.  Pronto se revela lo que resulta en fuente de la discordia: Aurora anuncia su deseo de vender al Museo Regional de Jalisco un retrato de la abuela Lucía pintado en circunstancias poco claras (nada más y nada menos que por el Dr. Atl). Sobrevienen revelaciones sobre la obra de arte, y don David deja un regalo que nadie abrirá: “No se confundan… los objetos que atesoramos en la vida son solo paliativos, fantasías para el ego: poseer la biblioteca más grande no da inteligencia; una casa lujosa no garantiza un hogar; ni la joya más valiosa belleza… por supuesto un retrato perfecto no hace una historia”.

Minutos después y sin lograr apaciguar las aguas, el cuadro cae al suelo. Los capítulos siguientes, desde la mirada de cada uno sobre los hechos, muestran un fragmento del cuadro que es la novela, ofrecen una perspectiva periférica e insuficiente; muestran (como los matices de una pintura) la historia familiar mientras las figuras de unión fraternal se deslían. Este es uno de los logros de Reyes Retana, la habilidad a acercarse a las tendencias humanas más básicas sin juicios. La voz en tercera persona se diluye en los personajes, manifiesta sus pensamientos sin dictaminar o calificar. 

La muerte y la disputa por el cuadro de la abuela Lucía devela rencillas antiguas. La avaricia, el rencor y el egoísmo salen a relucir. Pero la discordia da paso a la perplejidad cuando el hermano mayor es secuestrado y los otros cuatro, no del todo convencidos, terminan por venderlo para pagar el rescate. 

Este acontecimiento se añade a la tensión sostenida, otro de los logros de este libro: la historia sobre cinco hermanos, tres ancestros, una mucama y un cuadro, resulta en un relato de aventura. La disputa que desenmascara rencillas se diluye en miedo ante la posible pérdida de uno de los hermanos, y lleva a preguntarse: ¿qué queda al despojarse de todo? El amor. La memoria del amor entre los padres fallecidos, que los habría llevado (tal como recuerda Lucía siempre) a encontrar “el camino de regreso, el camino al otro, al perdón, a la alegría”. Es, también, el camino que ofrece la generación más joven a sus padres, hermanos en querella. 

Esta realización llevará a cada quien a tomar las decisiones pendientes. Pero si después de todo lo que queda es el amor, ¿qué hacer con “el amor que nos queda”? Aurora se pregunta al final si “el amor que nos queda” basta. Todo está por verse. La última palabra la tiene el lector, la lectora de esta historia emocionante.

Fuente: Latin American Literature Today

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Sobre Fernanda Reyes Retana